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Agama libre, una travesía por las Islas Canarias

posteado en Aventureros Columbus, Ciclismo por

Por Erkuden Almagro (@erkupro)

 

Existe una forma de conocer las Islas Canarias que no aparece en los folletos turísticos. Una forma que requiere sudor, planificación y, sobre todo, una confianza ciega en el equipo que llevas contigo.

Hace unas semanas, más de 25 mujeres nos unimos en Agama Libre, un evento de bikepacking en autosuficiencia nacido de la visión de Gara, mi compañera en  Canarias Pura Vida Pedal. El objetivo era ambicioso: cruzar 4 islas, recorrer 500 km y superar 10.000 metros de desnivel positivo. No era una carrera, pero tampoco fue un paseo. Fue una prueba de resistencia donde la comunidad y el material adecuado marcaron la diferencia.

Cruzar Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife supone enfrentarse a cuatro mundos distintos en apenas seis días. Desde el viento implacable y el jable de las islas orientales hasta la humedad de los bosques de Anaga y la altitud de la base del Teide.

En una ruta así, donde cada gramo cuenta y cada subida te pone a prueba, la autosuficiencia no es solo una palabra; es llevar tu casa a cuestas. Para este desafío, confié en el equipo de Columbus usando 4 bolsas. Más abajo os cuento como distribuí todo mi equipaje. 

Si bien es cierto que la logística de este viaje no ha sido fácil, es una de las mejores aventuras que puedes tener. 

Hay muchas pruebas de ultra distancia en las que me gustaría participar, pero, sus tiempos de corte, kilómetros o desniveles me son casi imposibles de superar. No soy de las que les guste machacar el cuerpo y considero que pasar más de 10 o 12h sobre la bici ya es darse una buena paliza. Para muchas de nosotras es inalcanzable participar en algunos eventos, y la Gran Guanche, que se desarrolla en Canarias, es uno ellos. 

Avisé a mis amigas canarias que iba a recorrer las islas la última semana de enero. Estaba siendo un inverno muy duro por el norte y unos días de escapa para rodar por las  islas me iban a venir genial. Así que decidimos crear nuestro propio evento, mucho más amable e inclusivo para nosotras. Lo tenían claro desde el principio. Amaga es el nombre de un lagarto autóctono, y representa la resiliencia en un entorno como el de canarias. 

Cuál fue mi sorpresa que ellas tenían las mismas ganas de recorrer las islas en este formato de autosuficiencia que enseguida pensamos que organizar un rally y abrirlo a mas mujeres iba a ser una buena opción. Dicho y hecho. En menos de un mes teníamos todo organizado y el grupo máximo de 25 mujeres. Era increíble. No solo iba a conocer las islas si no que lo iba a hacer rodeada de otras mujeres con las mismas inquietudes! 

Nuestro plan era el siguiente. Volar a Lanzarote y de ahí pasar de isla a isla en  ferry al finalizar las etapas. Las conexiones entre las islas no son muy buenas, sobre todo entre las más occidentales. Así que decidimos que con hacer 4 islas íbamos a tener suficiente. Organizamos los tracks para que en los 6 días que teníamos de permiso, pudiéramos hacer al menos 4 islas. Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife. 

Otra de la parte organizativa era convencer a las chicas de que era posible hacer el recorrido con todo el equipaje con el que íbamos a volar. No llevar nada más de la cuenta ya que con ello deberíamos afrontar los grandes desniveles que se nos presentaban en Gran Canaria y Tenerife. 

La ruta era totalmente por carretera. Y esta vez íbamos a dormir en  hoteles para no tener que cargar con la tienda y el saco. Es la forma más ligera de viajar.  Hice un video mostrando las bolsas de bikepacking que iba  a llevar de la marca Columbus:

  •  Bolsa de manillar con arnés para llevar el neceser y la ropa al llegar al hotel. 
  •  Bolsa de manillar para llevar un bidón extra. 
  •  Bolsa de cuadro para herramientas y comida.
  • Bolsa trasera de sillín para llevar la ropa de cambio y algo de abrigo para cuando llegara el Teide. 

Una vez tomado el vuelo, en mi caso, Bilbao – Lanzarote, llegamos al aeropuerto y tomamos un taxi para llegar a un hotel donde habíamos encargado que nos llevaran las cajas de la bici al último hotel en Tenerife. Ahí mismo montamos las bicis, las bolsas y empezamos la aventura al sito donde empezaba la ruta. 

La primera ruta fue de aproximación. Desde Arrecife fuimos hasta Haría, una pequeña localidad en el corazón de la isla. La ruta oficial comienza en Órzola, pero la escasez de alojamientos en la zona, nos llevó hasta Haría. 

Etapa 1.  Lanzarote. 92 km 1000 m+  Haría- Playa Blanca 

Nuestra aventura de Agama Libre no pudo tener un inicio más místico. Salir de Haría, el valle de las mil palmeras, es como despedirse del último oasis antes de adentrarse en un paisaje lunar.

Recorrimos la isla de norte a sur por su espina dorsal. Lanzarote no tiene grandes cumbres, pero su relieve es un «rompepiernas» constante de repechos cortos y explosivos. Pedalear hacia el centro de la isla fue nuestro primer encuentro con la desnudez. Aquí el horizonte es infinito, una paleta de ocres, negros y rojos que se extienden bajo un cielo que parece más grande que en cualquier otro lugar. Cada pedalada nos hundía más en un silencio geológico, roto solo por el zumbido de las cubiertas sobre el asfalto y el viento que, en Lanzarote, tiene nombre propio. Por suerte, nos dio a favor en gran parte del recorrido. 

El momento cumbre fue cruzar el Parque Nacional de Timanfalla. Pedalear por esa carretera que serpentea entre volcanes dormidos y mares de lava negra es una experiencia sensorial abrumadora. El silencio solo se rompe por el crujido de la cadena y el viento. Te sientes pequeña, una intrusa en un mundo mineral que parece haberse detenido en el tiempo.

Hicimos algunos desvíos estratégicos, lejos de la lógica línea recta que atraviesa la isla, para  sentir la verdadera esencia del territorio. Y la parada técnica para comer no podía estar mejor situada, tras  una larga y vertiginosa bajada llegamos a Yaiza para reponer fuerzas y degustar unos buenos garbanzos estofados con carne y pasas, ropa vieja, lo llaman. Por suerte para nuestros pesados estómagos,  no quedaban muchos kilómetros para llegar al puerto. 

Al llegar a Playa Blanca, con las piernas cansadas pero el espíritu lleno de la energía de la isla, el contraste con el azul turquesa del puerto se sintió como una recompensa. Habíamos cruzado el corazón de Lanzarote, habíamos sobrevivido a su viento y nos llevábamos en los ojos el negro del volcán y el blanco de sus casas.  Fue nuestro primer paso, el bautismo de fuego que nos preparó para lo que vendría después.

El ferry nos esperaba para saltar a la siguiente isla, pero Lanzarote ya nos había transformado. Habíamos dejado de ser ciclistas de fin de semana para convertirnos en auténticas «Agamas» del desierto.

Llegamos a Correlajo para pasar la noche en un coqueto albergue. 

Etapa 2 Fuerteventura 136 km 2200 m + Corralejo- Morro Jable.

Los primeros kilómetros nos llevaron a atravesar las  conocidas dunas de Corralejo. Fue un inicio visualmente hipnótico, pero sabíamos que la isla nos tenía preparada una  buena emboscada. El garmin marcaba que aun quedaban 2200 m de desnivel en 100 km.  A los 30 kilómetros, la costa quedó atrás y nos adentramos en las entrañas de la isla. El terreno cambió radicalmente al girar hacia Vallebrón. Aquí, las rampas empezaron a exigirnos el máximo. En Fuerteventura las distancias se sienten distintas; la falta de vegetación alta te hace sentir expuesta, y el horizonte parece no acercarse nunca.

Tras una buena temporada de lluvias, tuvimos la suerte poder ver la isla más verde que nunca. 

Subir hacia Betancuria, la antigua capital escondida entre montañas, fue un viaje al pasado. El paisaje se volvió árido, de ocres y sombras largas. Aquí es donde valoras unos buenos desarrollos en tu rueda trasera. En ascensiones de este calibre, con el sol apretando y pendientes de doble dígito, necesitas que el peso en la bici sea un aliado y no un lastre. Por fortuna, las bolsas de bikepaking tienen la capacidad justa para no meter peso de más. 

Tras dejar atrás Pájara,  donde paremos a repostar y comer una buena ensalada de tomate con queso local, el paisaje se volvió aún más salvaje. La ruta hacia La Pared es un recordatorio de la fragilidad del ser humano frente a la naturaleza. Nuevamente, llevábamos al viento de  nuestra parte, dejándonos disfrutar del paisaje sin tener que exigirnos más de la cuenta.  Apenas pasaban coches por estas carreteras, donde el único sonido era el de los neumáticos sobre el  rugoso asfalto  y el viento silbando en nuestros cascos. Se sentía la soledad casi como una amenaza. Gracias al grupo nos ayudábamos  unas en otras en los malos momentos donde el tío del gancho hacía su presencia.  Estoy segura que, de ir sola, me hubiera volado la cabeza. Fue la esencia de Agama Libre en estado puro: mujeres que no compiten, sino que resisten juntas. 

El desvío hacia Costa Calma nos devolvió el olor a sal, pero la fatiga ya pesaba en las piernas tras más de 100 kilómetros de lucha. El tramo final hasta Morro Jable fue una prueba de fuego para nuestra preparación mental ya que el paisaje cambió de forma radical. Esqueletos de edificios abandonados a medio construir víctimas de algún pelotazo inmobiliario hacían las veces de triste decorado. 

Fuerteventura nos había puesto a prueba, y habíamos conquistado una de las etapas más largas y duras de la ruta, esto nos dio una inyección de adrenalina inolvidable y estábamos listas para la siguiente isla.

Etapa 3 Gran Canaria . Desde el puerto hasta san Bartolomé de Tirajana. 82 km con 2000 m+

Si Fuerteventura fue una lucha contra el horizonte, Gran Canaria fue un reencuentro con la verticalidad y la exuberancia. Tuvimos la inmensa suerte de encontrar una isla inusualmente verde gracias a las lluvias recientes; un espectáculo visual que nos hizo olvidar, por momentos, que estábamos ante la isla más exigente en cuanto a desnivel y por eso decidimos dividirla en dos etapas. 

La primera jornada en Gran Canaria fue un ejercicio de paciencia y asombro.  El perfil era un «serrucho» constante: barrancos profundos que nos obligaban a bajar para volver a subir, ganando altura casi sin darnos cuenta pero acumulando fatiga en las piernas.

Una de las partes más importantes de un rally de este tipo es saber dónde vas a poder encontrar comida y agua. El calor fue bastante sofocante desde las primeras rampas al salir de la capital y tuvimos que parar en una gasolinera para repostar agua y algo de comida. La siguiente parada era casi obligatoria, en Ingenio, ya que más adelante, el mapa apenas marcaba localidades donde podar saciar nuestro apetito. Y la última parada de repostaje, antes de llegar a la casa para cenar, era de vital importancia, había que cargar con la cena y el desayuno para poder tener combustible y continuar con la ruta al día siguiente.  

En esta etapa, cada curva descubría un valle más verde que el anterior. En este terreno de sube y baja técnico, la agilidad de la bicicleta es vital. Aquí es donde las bolsas de bikepacking Columbus demostraron su diseño inteligente: a pesar de los 2000 metros de desnivel positivo acumulados, el peso estaba tan bien distribuido que la bici se sentía reactiva en cada rampa. Dormimos cerca de San Bartolomé de Tirajana, en el corazón de la isla, con la sensación de haber superado una de las etapas más exigentes del encuentro, incluida la rampa de acceso a la casa que habíamos reservado.  

Etapa 4: 67 km / 1200 m+ De san Bartolomé de Tirajana a Agaete. 

El segundo día nos reservaba el icono de la isla. Arrancamos con subida y más subida. Antes de empezar las duras rampas hacía la primera cima, nuestras compañeras del grupo  Volcánicas, originarias de esta isla, nos recomendaron parar a tomar un café y cargar los depósitos para lo que se venía. Las rampas del 14%  al Roque Nublo no dan tregua y con el equipaje a cuestas, nos pusieron a prueba. Pero la recompensa del paisaje es de las que se graban en la retina. Al coronar, con el calor apretando en la cima, el Teide se nos presentó al fondo, flotando sobre el Atlántico como un guardián de nuestro próximo destino.

Teníamos cerca la cima del Pico de las Nieves, pero algunas decidimos que era hora de probar el café especialidad de la isla,  leche- leche, o lo que es lo mismo, café con leche y leche condensada. Pura gasolina. 

La bajada hacia Agaete fue, posiblemente, el tramo más espectacular de toda la expedición Agama Libre. Iniciamos el descenso bajo un sol de justicia, pero en cuestión de minutos, la montaña nos envolvió en una densa nube de niebla. Pasamos del calor seco a la humedad de la bruma en un suspiro.

Fue un descenso vertiginoso por pendientes imposibles donde la seguridad es lo primero. En estas condiciones de humedad repentina, agradeces que tu equipo sea impermeable. Mis pertenencias llegaron a la costa de Agaete completamente secas, protegidas por el tejido resistente de las bolsas Columbus mientras nosotras atravesábamos ese mar de nubes que nos escoltó casi hasta los últimos kilómetros.

Antes de tomar el ferry a Tenerife, pudimos degustar un buen pescadito frito junto al malogrado dedo de Dios, una roca de unos 20 metros, situado en la costa que terminaba en punta y que sufrió un derrumbamiento en noviembre del 2005. 

Etapa 5 St cruz de Tenerife. Las lagunetas. 60 km 2000 m 

Llegamos a Tenerife con el cansancio acumulado de cuatro islas, pero con la adrenalina de saber que estábamos ante el acto final. Esta isla es una mole que surge del mar y no deja de subir hasta los 3.715 metros del Teide. 

Aquí pudimos dejar algo de equipaje que ya no íbamos a necesitar, ya que la última noche también la pasábamos en el mismo hotel. Un alivio para nuestras piernas. 

Tuvimos un encuentro con el resto de participantes que también pasaban la noche en Santa Cruz de Tenerife y ahí arrancamos todas juntas para afrontar la primera subida. 

Empezamos por el extremo noreste, en el Macizo de Anaga. Pedalear por aquí es como viajar a la prehistoria; la laurisilva nos envolvía en un túnel de vegetación y humedad que contrastaba con la aridez de los días anteriores. Una subida larga y tendida desde donde divisábamos la costa cada vez más lejana. Atravesamos La Laguna, con sus calles llenas de historia y donde  paramos a comer un buen plato de alubias para entrar en calor y empezar el ascenso interminable hacia el camping donde íbamos a pasar la última noche de nuestra aventura en mitad de la subida al Teide.  Una noche llena de magia a la luz de las estrellas y que aprovechamos para  celebramos los cumpleaños de varias participantes. 

Dormimos en el albergue de Las Lagunetas, a mitad de camino entre el nivel del mar y el cielo. Fueron solo 60 kilómetros, pero con 2000 metros de desnivel positivo que nos obligaron a tirar de cada reserva de energía. En estas etapas de «puro puerto», la ligereza del equipo se vuelve crucial. Cada gramo que ahorras en tus bolsas es un gramo que no tienes que vencer contra la gravedad.

Etapa 6: 97 km / 1500 m+ Las lagunetas- El Médano. 

El último día salimos con la mirada puesta en lo alto. Al abandonar el abrigo de los pinos en las zonas altas, el Teide se nos presentó en todo su esplendor, coronado por una capa de nieve que brillaba bajo el sol canario. Ver el volcán nevado mientras pedaleas en manga corta es una de esas contradicciones mágicas que solo ofrece este archipiélago.

Atravesar el Parque Nacional de las Cañadas del Teide fue el momento más místico de Agama Libre. Rodar por esa planicie infinita a más de 2000 metros de altitud, rodeadas de cráteres y silencio, nos hizo sentir la magnitud de nuestra hazaña. Ya no éramos un grupo de ciclistas; éramos una comunidad de mujeres que había cruzado un archipiélago entero por sus propios medios.

Creo que nunca he parado tantas veces en una subida para sacar  fotos. 

El refrigerio y café  en el  bar  del parque nacional, El portillo, daba una pista de que nuestra aventura  llegaba a su fin. Parecía que el tiempo se hubiera detenido y ninguna de nosotras quería que aquello terminara. 

Desde la base del Teide, nos esperaba un descenso infinito hacia la costa sur. Los frenos echaban humo mientras dejábamos atrás el frío de las cumbres para buscar el calor del océano. Finalmente, divisamos la Montaña Roja y ya soñábamos con la comida en el Chiringuito Pirata. 

Algunas tuvieron ganas incluso de celebrarlo con una baño en la playa. La ocasión lo merecía pero yo tenía más hambre que mugre. 

Llegar a la arena, abrazarnos y mirar hacia atrás para ver la silueta del Teide a lo lejos fue el broche de oro. 97 kilómetros de etapa final que resumían todo el viaje: esfuerzo, belleza extrema y la satisfacción de lo compartido con amigas. 

Ya estamos pensando en cruzar el resto de islas. 

El equipo a prueba: Bolsas de Bikepacking Columbus

Llevar todo el equipaje necesario para seis días de ruta intensa requiere un sistema de carga que sea estable, resistente al agua y, sobre todo, que no interfiera en el manejo de la bici en ningún tipo de  terreno. Este fue mi set up para esta aventura. 

  1. Bolsa de Sillín (Saddle Bag): Fue mi «armario» principal. Lo que más me sorprendió fue su estabilidad. En las bajadas rotas de Gran Canaria, donde la bici suele bailar por el peso, la bolsa se mantuvo firme. El sistema de cierre enrollable permitió compactar todo la ropa de repuesto y la de abrigo, evitando cualquier balanceo innecesario.
  2. Bolsa de Manillar (Handlebar Bag): Aquí llevé lo que necesito al llegar a destino. No toco esta bolsa para nada, así evito que se mueva ya que puede interferir en el funcionamiento de las manetas de cambio. 
  3. Bolsa de Cuadro y Accesorios: Para las herramientas, la nutrición y esos pequeños objetos que salvan el día. Todo a mano. 

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16 Abr, 26

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