Cómo preparar una carrera en la capital mundial del alpinismo
posteado en Aventureros Columbus, Montañismo, Running y Trail Running por Columbus Discover Nature
Por Luis Crespo (@luiscrespoguiamontana)
Para todo montañero siempre es emocionante ir a Chamonix. Por eso el conseguir dorsal en una de las muchas carreras que hay en este lugar mágico de la historia del alpinismo siempre encoge el corazón.
Hacía algún tiempo que no viajaba hasta los Alpes, y el obtener dorsal para la Marathon du Mont Blanc era la excusa perfecta para regresar a este lugar tan emblemático y cargado de hazañas e historia.

Alegría y nervios al mismo tiempo. Dentro de la cabeza infinidad de emociones recorren cada pensamiento, imaginando y planeando gran cantidad de vías y cimas por ascender durante la estancia por el valle.
Desde la publicación del sorteo hasta el día de la carrera hay unos 8 meses, tiempo de sobra para entrenar. Pero es hora de ponerse las pilas y no perder el tiempo. Los
horarios de los guías son complicados, hay épocas en las que puedes entrenar todo el día y hay otras en las que tocará mantener la forma en los guiajes y actividades.
Por eso hay que aprovechar al máximo cada momento y tratar de ir sumando entrenamientos, kilómetros y desniveles para disfrutar el día de la carrera y del viaje.
El invierno fue extraño y no hubo a penas condiciones para poder esquiar por lo que había que comenzar a correr. Un par de meses con mucha carga y kilómetros, pero tocaba retomar las actividades, cursos y formaciones. Otra vez de nuevo hay que dejar los entrenamientos de lado.
La fecha se va acercando, y cuando te das cuenta estás en la carretera camino a uno de los lugares más mágicos e importantes del alpinismo mundial: Chamonix.
Por sus calles te encuentras con personas de distintas nacionalidades, multitud de tiendas de montaña con las últimas tendencias, restaurantes completos, alpinistas que vienen de realizar actividades de primer nivel y montañeros que disfrutan de los impresionantes bosques, lagos y senderos que rodean la villa e incluso, con quienes simplemente se acercan hasta allí para hacer turismo.
Cansados del viaje, pero con ganas de hacer cosas. Los días previos a la carrera, con la meteo algo inestable, optamos por hacer cosas por el valle. Algunas carreras para activar las piernas y escaladas sencillas para no estar parados.

Aprovechamos para trotar por los fascinantes senderos que nos conducen hasta el Glaciar des Bossons, lugar especial ya que, no solamente es uno de los principales
glaciares del macizo del Mont Blanc sino que también, a través de sus grietas nos encontramos con La Jonction, un punto romántico para los amantes de la historia del alpinismo, ya que esta misma ruta fue la que se realizó durante la primera ascensión con éxito al Mont Blanc en el año 1786 por los montañeros J. Balmat y el doctor Paccard.

El valle y las opciones son muy amplias y diversas, por lo que también hay tiempo para ponerse los pies de gato y hacer algunas vías de escalada en las Agujas Rojas, concretamente en la zona de Le Brévent, uno de los mejores miradores del Mont Blanc.
Aprovechamos a subir varios días a esta zona ya que, la facilidad y cercanía del teleférico facilita el bajar en caso de mal tiempo. Las vistas desde este lugar son impresionantes, da igual hacia dónde mires que la panorámica es increíble.
Tras alguna escalada sencilla, toca ir a recoger el dorsal y visitar la feria del corredor.

Y por fin, ¡llegó el día! Después de muchos meses esperando este momento, por fin estamos en la línea de salida, y por si fuera poco, en el 1º cajón, en el de la elite. ¡Qué presión! Aquí estamos, sin haber podido entrenar las salidas y encima con la élite.
Suena el disparo de salida, y con ellos desaparecen los nervios, las mariposas del estómago, ahora solamente hay que seguir a las piernas que ya han empezado a moverse por instinto, por naturaleza.

El día es caluroso, las bajadas parecen no acabar y las subidas van viniendo poco a poco. Los kilómetros van pasando, aunque cada vez parece que falta más para terminar. Una primera parte de carrera por bosques y a la sombra, recorriendo la parte baja del valle y los pueblos, para poco a poco ir pasando a otro tipo de terreno más alpino, con menos vegetación y ganando altitud.
La cabeza juega un papel muy importante, sobretodo cuando no has podido entrenar y el físico va justo. Duelen los pies, las rodillas, aparecen las ganas de vomitar por el calor y el esfuerzo, pero es justo, en esos momentos cuando a lo lejos escuchas todo el bullicio, aparecen las lonas, las banderas y ya se divisa el arco de meta.
Es justo, en ese momento cuando la cabeza y el cuerpo lo saben, ya queda poco, asique hacen un último esfuerzo. Es, en ese preciso instante, cuando la fatiga y el cansancio se transforman en una simple y sencilla sonrisa, que coincide con el paso por la línea de meta.
Apenas unas horas dentro del día, una parte minúscula dentro de nuestra vida, pero todas las sensaciones, pensamientos, dolores, las sensaciones y un sinfín más de emociones vividas durante la actividad parecen no tener fin y sin duda crean un recuerdo inolvidable con el que cada vez que lo recordamos vuelve a aparecer esa sonrisa que se dibujaba en nuestra cara. La misma sonrisa que vuelve a mi cara en estos momentos al escribir estas líneas unos cuantos meses después de aquel momento especial.